
crecida . fundación proa

maracatú atómico . mite . texto

Líneas utópicas
Las utopías de la vanguardia parecieran ser un trauma. Pero un trauma que no vuelve como eterno retorno, retorno de lo reprimido o algún otro retorno famoso, sino como acción diferida: un acontecimiento posterior las recodifica retroactivamente. Si Sinclair embiste sobre Mondrian o Fontana lo hace para intervenir sobre su pensamiento. Ninguno de estos artistas es el mismo pre-Sinclair porque aquello que dejaron, ideas maleables y no objetos de living, acaba de transformarse hace un segundo. Me gusta pensar el arte de esta forma, como postura ideológica desde una periferia cuyo paradigma fundacional moderno se centró en el uso y la desviación de la información importada. El arte está más cerca de la wiki que de la Enciclopedia Británica; los artistas no son próceres estancados en mármol sino piedras arrojadas a una laguna gigante (esa laguna puede ser lo real o puede ser el lenguaje, que podrían ser exactamente la misma cosa), donde las ondas que cada una produce, eventualmente o no, se superponen y forman un patrón de interferencia[1]. Es decir, el Fontana del que estamos hablando tiene casi medio siglo de ondular variable. Entre esas ondulaciones podemos encontrar las interferencias del cutter en las pinturas de Fernanda Laguna, el cambio del agujero preciso del bisturí por el agujero azaroso que deja la pólvora de Tomás Espina o la abertura en el espacio de representación que muta del espacio pictórico al espacio de exhibición en la Retrospectiva de Rosa Chancho. De una forma tan aleatoria como arbitraria (no estoy intentando aquí establecer relaciones con Sinclair), se podría comenzar a definir la laguna que tenemos, es decir, darle un contexto al lenguaje.
Entonces, una de las múltiples ondulaciones de este contexto es que varios artistas están interfiriendo sobre las ideas y utopías que dejó la modernidad. Sólo en la arena de la abstracción geométrica se puede pensar, nuevamente de forma aleatoria y arbitraria, en Max Gómez Canle (que se involucra con el problema del cuadro como ventana al mundo con una solución irreverente al mezclar figuración romántica con una geometría que va de la metafísica al tetris) o en Luciana Lamothe (que se involucra con el constructivismo para pensar la relación entre herramienta y material y llegar a las variables construcción-destrucción y vanguardia-crimen). Estas manifestaciones ocurren en un momento singular para volver a pensar la geometría, no sólo porque uno puede seguir viendo con ojo matemático tanto al universo como a la profundidad de su placard, pasando por el urbanismo y el conductismo sobre los hábitos diarios, sino porque con la digitalización podría acelerarse aún más la transformación de lo producido en commodity que, ahora sí, sería un eterno retorno de lo mismo según Benjamín leyendo a Baudelaire. Actualmente es posible hacer escuela mientras se replica al infinito la pegada de mercado: con profundidad de perspectiva o con sombras, simétricos o asimétricos, simétricos por la asimetría producida por el cambio de sombras entre una mitad y la otra[2]…y, claro, dónde quedó Sinclair.
Sinclair ondula alrededor de un problema clave dentro de esta vanguardia ideal: la pregunta sobre el lenguaje. Y si volvemos, por ejemplo, a Mondrian, tenemos que pensar en una interferencia tanto sobre su período neoplasticista, donde el despojamiento de toda huella representacional en busca de un lenguaje propio llevaría indudablemente hacia la clausura del mismo, como sobre su período neoyorkino, donde la influencia del jazz le devuelve ritmo a la geometría, reviviendo por la fisura que provoca el elemento externo y cotidiano. Creo que hay algo de esto último en Sinclair: cómo volver a darle potencia al lenguaje. Y la fórmula de Maracatu Atómico es fusionar tres líneas utópicas que batallaron el siglo pasado: 33,3% de ideal, 33,3% de azar y 33,3% de fusión arte-vida.
Al liberar un dibujo plano -geometrías realizadas con cutter sobre pelopincho- a las ondulaciones del espacio, se despliega un juego volumétrico de materia y vacíos que fluctúa azarosamente a la intemperie. Sinclair reanima al lenguaje geométrico abriéndole una grieta poética que no niega su existencia ideal, sino que obliga a esta idealidad a enfrentarse con su propio sinsentido. Lo racional y universal se vuelve contingente y temporal. Las líneas utópicas se desgarban: el presente preparatorio para un futuro utópico se convierte en la potencia de lo actual y excepcional. Bajo un sistema estocástico dominado por el clima y la geografía contextual, la geometría gana fuerza con su propia indeterminación. El lenguaje puede cobijar, ser techo o piso, pero su mayor porcentaje está en los agujeros: es siempre una experiencia a la intemperie, un ritual que nunca agota sus ondulaciones.
Arquitectura placebo y objeto ritual
Sinclair podría ser la hija mujer, de geometrías blandas y curvadas, de intencionada precariedad latinoamericana, concebida por el matrimonio Fontana-Matta Clark.
En la distancia que hay entre los viriles building cuts de casas abandonadas y la arquitectura blanda y desfondada que podríamos catalogar como arquitectura placebo, de temporada o banco de suplentes (pileta-pelopincho, techo-toldo-sombrilla, muro-medianera plástica), intuyo que podría ubicarse una mezcla de la estética íntima y cotidiana de los noventas locales con cierta sensibilidad conceptual de su paralelo internacional. A su vez, Sinclair podría estar ondulando en la misma frecuencias que el trabajo escultórico de Eduardo Navarro sobre arquitecturas ad-hoc, los atentados contra la arquitectura de Luciana Lamothe para volverla inestable y hacerle brotar su contenido poético y los lanzamientos cromáticos de Juliana Iriart que también se dejan llevar por un sistema estocástico comandado por el clima. Estos trabajos, entre varios más, invierten cierta fe en la potencia de la acción y el acontecimiento, elementos recuperados pos-Rojas que valdría la pena contextualizar en algún momento ante la avanzada pictórica que se avecina.
En algunos casos, existe en esta recuperación una actitud ritual, ya sea mediante una serie de acciones producidas sobre el objeto o por él mismo, como por la comunión de un grupo de individuos donde la materia fundamental es la acumulación de energía en tiempo presente, sea su resultado una huella de la acción fijada en la obra o un acontecimiento excepcional.
Sinclair realiza un primer ritual matemático en el cual mide, traza y tajea; se pierde en un trance euclidiano. En un momento posterior, este primer ritual se convierte en proceso (preparación ritualizada de lo simbólico, como la confección de la vestimenta para la danza) de un segundo ritual, donde la geometría se desglosa en el espacio para convertirse en un espiral de Fibonacci carnavalizado. Es así como la matemática precisa vira a una relación de indeterminación[3] donde el lenguaje se muestra y se oculta, se ve alterado por el acontecimiento, el clima, la gravedad, la información que se filtra del contexto y del observador.
Es que el lenguaje baila, es una arquitectura de temporada, experiencia blanda e incierta. La geometría se desgrana, se vuelve energía, física ritual, Maracatu atómico.
Javier Villa. Septiembre 2009
[1] Christian Huygens (1629-1695) estudia el fenómeno ondulatorio, Sinclair lo hace girar para sus propósitos poéticos y yo lo vuelvo a girar con otros totalmente distintos.
[2] ¿Cuántos clavitos clavo Pablito?
[3]Cuanta mayor certeza se busca en determinar la posición de una partícula, menos se conoce su cantidad de movimiento lineal. Esta idea parte de un principio de la mecánica cuántica enunciado por Werner Heisenberg en 1927.
Para donde sople el viento
balbuceo
La experiencia del clima
Puede una obra ser un proceso estocástico indefinidamente?
Las obras como una calidad de tiempo diferente de la de los momentos no artísticos
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En épocas míticas la fiesta como momento excepcional, (equiparable a la experiencia artística por exponerse al sinsentido, lo que es decir a la potencia del sentido, y puesta en marcha de la capacidad significante), pero enmarcada en la regularidad de los ciclos naturales.
El arte es eso de la fiesta que no es realmente pasible de periodizarse, de adquirir un ritmo regular de aparición? La idea de excepción es sólo y necesariamente vicaria de la de novedad?
Pensamiento bi dimensional: dos ideas, algo así como opuestas, en tensión. Por ejemplo: excepción / regularidad. Tiene alguna productividad ese tipo de pensamiento o no puede más que reafirmar su punto de partida?
La recursividad del lenguaje (que recrea sus condiciones de origen en cada acto de habla: Lo que ocurre siempre -cada vez- por primera vez) es una manera posible de saltar el cerco de ese tipo de pensamiento?
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La teoría de las catástrofes intenta encontrar recurrencias morfológicas, ya que no numéricas, en fenómenos o procesos que aparecen como irracionales. El punto de catástrofe es un acontecimiento que tiene lugar en un sistema y luego del cual este queda alterado al punto de convertirse en otro. La TDC postula 7 formas de catástrofe que servirían como modelo de prácticamente todos los cambios bruscos e impredecibles.
Hay una o siete o mil formas que hagan explicables y (pre)visibles todos los procesos?
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Noción de "práctica artística"
Cuándo empieza a ser de arte la obra?
Para quién? Puede haber arte para una sola persona?
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La forma como resto que actúa como pista para el que la ve
La forma de la acción y su relación con la forma resto
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(Releer script 6 sobre el Objeto Denso)
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Elementos materiales y simbólicos del contexto
Transformación de formas existentes
Acción sobre los dueños de casa y el barrio, sobre entorno vital de personas. Labor del boquetero que abre huecos en mapas de sentido compactos y extensos
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Paisaje, marco, cuadro, ventana. Lo que habilita, suprime, direcciona y enmarca la mirada
Lo que define tres espacios (por lo menos)
La mirada rasante: la que mira la superficie sobre la que se inscribe el lenguaje
Mirar de refilón el espesor del lenguaje = trabajar sobre la forma
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La línea dibujada con cutter sobre el plano de lona. Elemento ideal impreso sobre objeto real.
El plano hecho línea como un análisis que destruye su objeto al transformarlo en otra cosa, con otro comportamiento
Principio de Heisenberg.
El método se elige?
Métodos combinados estocásticamente (dependientes de variables aleatorias)
Recurrencias: La línea. La geometría. Los pares de opuestos. La bidimensión. La forma. La belleza
Belleza de la línea movida por el viento
Tardes desbordadas
Queridas y queridos
El mes pasado los invitamos a tres tardes de amena reunión dentro de Lugar a Dudas, para bordar y desbordar fechas, recuerdos e ideas. La propuesta surgió como una extensión de la convocatoria de Alex Burke, un artista de Martinica, para colaborar con su proyecto “Memoria de las Américas”. Él invita a bordar en una tela de 15 o 20cm. de lado una fecha significativa del país de cada uno junto con el nombre del país. Quien quisiera también puede agregar su nombre.
Los invitamos a un último encuentro el próximo viernes 24 de abril entre las 15 y las 19 hs. para dar las últimas puntadas, compartir reflexiones sobre la experiencia, registrar en video bordados y voces de los bordadores y combinar un envío conjunto para los que quieran enviar a Alex su trabajo.
Los esperamos con sus bordados, hayan estado o no en las reuniones previas.
Marcela, Leandra y Carolina
Tardes desbordadas
3 encuentros de bordado
En colaboración con Carolina Cortes y Leandra Plaza
Cali, abril 2009
La beluga
Camilo AguirreFuelle rezonguero
Este trabajo celebra el encuentro entre tres artistas, una casa y la ciudad que temporalmente las aloja.
Es una pieza para sitio específico realizada mediante técnica de animación cuadro por cuadro. Transforma la vitrina en una ventana, en la que cortinas plegables suben y bajan al ritmo del paisaje sonoro diseñado con la colaboración del músico antioqueño José Gallardo. A través de la ventana se ve el cielo, que se mueve también, sumando otra línea instrumental al concierto urbano de
La claraboya que ilumina Lugar a Dudas baila de acuerdo con los continuos movimientos que atraviesan el espacio que nos acoge como residentes. La atmosfera musical de Cali y su espíritu efervescente toman forma en la arquitectura del hogar y transforman nuestra abertura al cielo en ecualizadores y fuelles. El techo de la casa se dispone para que juguemos con él. Ya no quiere ser apenas un sitio por donde pasan la luz, la lluvia y el viento. El que de tantas personas y películas es testigo, ahora quiere brillar y tocar su música. Quiere dejarse ver de otro modo, convertirse en ventana para mirar de frente y de cerca a quien lo mira.
Dos cosas movilizan nuestra labor: el paisaje que permanece susceptible a cambios mínimos y el entorno musical que ofrece la ciudad. Algo próximo, propio del espacio que temporalmente habitamos, transformador de nuestra percepción del día y la noche. Un hábitat apacible ubicado en la mitad de la casa, atravesado por visitantes que saludan nuestra mecánica y simple labor: Remar el techo con su cielo luminoso, en nuestros oídos la continua fricción entre guaya y toldo. Caída la noche se suman ritmos de salsa y aparece una banda sonora.
Las referencias musicales y cinéfilas atraviesan la obra con la levedad de la brisa que sopla al anochecer. Los toldos del patio se pliegan arriba y abajo como velas. Jugamos a irnos de viaje por el cielo de Caliwood, como unas sobrinas lejanas de Georges Méliès. La ilusión del movimiento autogenerado se logra por medio de un truco digno del director del Teatro del Ilusionismo y la fragmentación con la que nos enfrentamos al producir la imagen es semejante al ritmo quebrado que acompasa estas calles.
Toda la arquitectura de la obra involucra procedimientos que fraccionan lo que era un continuo temporal para recomponerlo en un relato que da cuenta de cómo nuestra subjetividad hace del mundo morada. La toma de cada trayecto de cielo, el paso de cada fotograma, la permanencia de cada transeúnte, el período de exhibición, el de la residencia. El tiempo se comprime y descomprime de acuerdo a nuestra disponibilidad para aproximarnos. Y por ese poder veinticuatro horas se vuelven tres minutos o 20 días.
Qué viva la música!
Carolina Cortés, Leandra Plaza y Marcela Sinclair
Lugar a Dudas. La vitrina
La primera fue Carolina, el primer domingo. Fotos de cómo la sombra de los toldos iba recorriendo el suelo.
Al día siguiente Oscar Muñoz nos invitó a presentar un proyecto para la vitrina, que tenía un hueco en la programación, en veinte días. Es una vidriera a la calle. Iban a poner un fragmento de Tati. Teníamos una semana.
Le propuse a Caro hacer un stop motion manipulando los tres paños de toldo como para hacer un ecualizador. Y en vez de fotografiar las sombras, ella dijo por qué no directamente los toldos.
Lo hicimos varias veces. La última desde el amanecer hasta la noche, con luna y todo. Y con Leandra, que dirigió la edición de video y trabajó en el sonido con José Gallardo, un músico de Medellín con el que nos comunicamos vía mail.
Desde que me enteré de que mis dos compañeras de residencia hacían video me propuse aprender de ellas. Le tenía ganas al video desde hace rato. Y el stop motion, con cámara fija, se me presenta amigable. Ya tengo otro proyectado para el estudio abierto.
Ese es el ritmo y esos los encuentros en la caliente Cali.

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